Por Oscar Lazala
En HL7 Centroamérica y República Dominicana trabajamos por la adopción de estándares técnicos como HL7 FHIR. También promovemos algo que con frecuencia queda en segundo plano: una arquitectura que le dé soporte a esa estandarización. Uno de nuestros referentes es OpenHIE, una arquitectura de referencia que organiza componentes y servicios para facilitar el intercambio de información en salud. En HL7 CAM la utilizamos dentro de un modelo ampliado que incorpora además una capa Organizacional y una capa Regulatoria.
Hay una pregunta que se repite en casi todos los diagnósticos de salud digital de la región: ¿este componente ya existe en su país? Parece fácil de contestar. En la primera cohorte del curso regional Arquitectura de interoperabilidad basada en estándares, que impartimos desde HL7 CAM junto con RECAINSA, comprobamos que no lo es.
En una de las sesiones pedimos a los 12 participantes que indicaran qué componentes de OpenHIE ya operan en sus países. Profesionales de distintos países de América Latina, con años de trabajo en sistemas de salud, respondieron así. Estas cifras reflejan la percepción inicial del grupo en un ejercicio pedagógico y no pretenden estimar la disponibilidad de estos componentes en la región:

Con esas cifras cualquiera diría que buena parte del camino está recorrida. Para nosotros, esa fue una de las sorpresas del curso: las respuestas no coincidían con lo que solemos observar en procesos de implementación y diagnóstico en la región.
Al conversar con el grupo entendimos de dónde venían esas respuestas. Detrás de muchos de esos "sí" estaba el registro de colegiación que habilita a un médico para ejercer, la lista de códigos que se usa para llenar un formulario o el vademécum nacional. Son registros reales y necesarios, que las instituciones mantienen con mucho esfuerzo. El punto es que, en una arquitectura de interoperabilidad, la existencia de un registro administrativo no equivale por sí sola a contar con un componente capaz de prestar servicios de interoperabilidad al ecosistema.
La semana en que cambiaron los "sí"
Ese contraste era justo lo que el ejercicio buscaba poner sobre la mesa. Primero queríamos conocer la percepción inicial del grupo. Después trabajamos una metodología de tres preguntas desarrollada para el curso, orientada a distinguir entre la existencia de un registro administrativo y la capacidad de ese recurso para operar como componente de interoperabilidad.
En la sesión siguiente repetimos la misma pregunta. Las respuestas afirmativas se redujeron de forma marcada. Las mismas personas, mirando los mismos registros de sus propios países, llegaron a una conclusión distinta apenas una semana después. Los países y las instituciones eran los mismos. Lo que cambió fue el criterio con el que se interpretaba la pregunta.

El problema no es semántico: es de planificación
Si un grupo de profesionales con experiencia puede cambiar de forma tan marcada su respuesta después de precisar los conceptos, vale la pena preguntarse qué ocurre con los cuestionarios de madurez que se completan cada año en ministerios, seguros sociales y redes hospitalarias de la región.
Los ejercicios de madurez son necesarios y quienes los diseñan hacen un trabajo serio. Pero su utilidad depende de que quienes responden entiendan las preguntas de manera comparable. Cuando un "sí" significa "tenemos el listado administrativo", una evaluación puede sobreestimar la madurez existente. La hoja de ruta construida sobre ese diagnóstico puede entonces dar por resuelto un componente que todavía requiere desarrollo, gobernanza, integración o financiamiento.
Un proyecto de intercambio puede llegar a la etapa de conexión y descubrir que falta una pieza que, en el diagnóstico, figuraba como resuelta.
Ese error puede traducirse en retrasos, recursos mal asignados y proyectos que descubren demasiado tarde capacidades que todavía no existen. En salud, esas demoras terminan afectando la posibilidad de que la información llegue a donde se necesita.
Una conversación que necesita a todos
En una evaluación de madurez responden personas de planificación, del área legal, del cuerpo clínico, de finanzas y de tecnología. Cada una lee las preguntas con su propio lenguaje y después toma decisiones basadas en esas respuestas. Cuando todas comparten los mismos conceptos, el diagnóstico gana precisión y las políticas de adopción de salud digital tienen mejores posibilidades de funcionar.
Por eso queremos que estos conceptos lleguen mucho más allá de los equipos técnicos. En la masterclass que dio origen al curso lo dijimos así: la interoperabilidad en salud en América Latina es una capacidad regional basada en estándares, gobernanza, coordinación y confianza entre países. Esa confianza empieza cuando un "sí, ya lo tenemos" significa lo mismo en Tegucigalpa, en Santo Domingo y en San José.
¿Cuántos "sí" quedarían en sus países?
Esa es la pregunta que queremos ayudarles a responder. En la nueva cohorte del curso regional Arquitectura de interoperabilidad basada en estándares compartimos esta metodología y la aplicamos junto con los participantes para revisar, con mayor precisión conceptual, los componentes presentes en sus propios contextos.
El curso está dirigido a tomadores de decisión, equipos técnico-funcionales, profesionales de salud, consultores y academia, y no exige un perfil informático avanzado.
Para conocer la próxima cohorte o solicitar más información, escriban a formacion@hl7cam.org o visiten www.hl7cam.org.
Disclaimer: Este artículo tiene fines informativos y educativos. Las opiniones y análisis expresados corresponden al autor y no constituyen una especificación técnica, guía oficial de implementación ni posición normativa de HL7 International, OpenHIE o de las demás organizaciones mencionadas.